Hacía
casi dos milenios que lo habían crucificado. Después pasó penurias
siendo un eunuco, una campesina, un monje amanuense y una geisha. Aun
así, debería volver a nacer hasta encontrar el nirvana.
Esta
vez escogió una vida contemplativa. Calor de hogar, caricias, agua y
comida siempre a su disposición... Sólo se dedicaba a las labores
de acicalamiento de su propio pelaje y al buen dormir. Ni siquiera le
afectaba que alguien se proclamara su dueño.
Por
fin lo había logrado, aunque necesitó siete vidas para tomar la
decisión acertada.
